Un mes de esperanza

Es lo más habitual decir que noviembre es el “mes de los difuntos”. En efecto, ya en su segundo día, la liturgia nos invita a rezar por todos los fieles difuntos. Sin embargo, en su homilía de la Misa del 2 de noviembre, el Papa Francisco nos ayuda a descubrir que este mes es, ante todo, el mes de la esperanza.

Esta certeza, en el  momento preciso, casi el último de la vida, es la esperanza cristiana. Una esperanza que es un regalo: no nos pertenece. Es un don que debemos pedir: “Señor, dame esperanza”. Hay tantas cosas malas que nos llevan a desesperar, a creer que todo será una derrota final, que después de la muerte no habrá nada… 

Papa Francisco

«La esperanza no falla» (Rm 5,5), nos dice Pablo. La esperanza nos atrae y da sentido a nuestras vidas. No veo el más allá, pero la esperanza es el don de Dios que nos atrae hacia la vida, hacia la alegría eterna. La esperanza es un ancla que tenemos al otro lado, y nosotros, aferrándonos a la cuerda, nos sostenemos (cf. Hb 6,18-20). “Sé que mi Redentor vive y lo veré». Y esto, hay que repetirlo en los momentos de alegría y en los malos momentos, en los momentos de muerte.

Papa Francisco

Este año el Papa celebró la Misa de la Conmemoración de todos los fieles difuntos en la capilla del Camposanto teutónico, cementerio ubicado al lado de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. Tres días después, el 5 de noviembre, Francisco presidió la Misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el año

Jesús, Maestro de oración 

En su audiencia de los miércoles, esta vez desde la Biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano, el Papa continuó con sus catequesis sobre la oración. Esta vez presentó a Jesús como «maestro de oración». Del ejemplo del Señor, el Papa extrajo cuatro características de la oración cristiana

1. Primacía de la oración

La oración es el primer deseo del día, algo que se practica al alba, antes de que el mundo se despierte. Restituye un alma a lo que de otra manera se quedaría sin aliento. Un día vivido sin oración corre el riesgo de transformarse en una experiencia molesta, o aburrida.

2. Perseverancia

La oración es un arte para practicar con insistencia. Jesús mismo nos dice: llamad, llamad, llamad. Todos somos capaces de oraciones episódicas, que nacen de la emoción de un momento; pero Jesús nos educa en otro tipo de oración: la que conoce una disciplina, un ejercicio y se asume dentro de una regla de vida.

3. Soledad 

En el silencio, pueden emerger muchas voces que escondemos en la intimidad: los deseos más reprimidos, las verdades que persistimos en sofocar, etc. Y sobre todo, en el silencio habla Dios. Toda persona necesita de un espacio para sí misma, donde cultivar la propia vida interior, donde las acciones encuentran un sentido. Sin vida interior nos convertimos en superficiales, inquietos, ansiosos – ¡qué mal nos hace la ansiedad! 

4. Abandono

La oración de Jesús finalmente es abandonarse en las manos del Padre, como Jesús en el huerto de los olivos, en esa angustia: “Padre si es posible…, pero que se haga tu voluntad”. El abandono en las manos del Padre. Es bonito cuando nosotros estamos inquietos, un poco preocupados y el Espíritu Santo nos transforma desde dentro y nos lleva a este abandono en las manos del Padre: “Padre, que se haga tu voluntad”.

La intención del Papa 

Hace unos días se hizo público el vídeo con la intención de oración del Papa para este mes. Francisco nos pide rezar para que los avances tecnológicos estén siempre al servicio del ser humano

Algunas cartas del Papa 

Esta semana también se hicieron públicos dos documentos del Santo Padre

  • Carta apostólica en forma de motu proprio Authenticum charismatis, por la que el Papa modifica uno de los canones del Código de Derecho canónico relativo a la erección de nuevos institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica.

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