- Cartageneros y fieles caminaron por el centro histórico en el marco de la 39.ª Semana por la Paz.
- En su homilía, el p. Francisco de Roux, S.J., enfatizó que el amor radical de Pedro Claver constituye una “parábola viva de justicia y paz que transforma el territorio”.
Con cantos, danzas y expresiones folclóricas, los cartageneros partieron desde las afueras del Teatro Adolfo Mejía hacia el Santuario de San Pedro Claver en una caminata conmemorativa convocada para alzar la voz por la fraternidad. La jornada culminó con la Solemne Eucaristía acompañada por el arzobispo de Cartagena, Monseñor Francisco Javier Múnera Correa, en memoria del patrono de los derechos humanos y defensor histórico de los perseguidos y marginados.




El valor simbólico de la vida y el amor invulnerable
Durante la homilía, el sacerdote jesuita Francisco de Roux puso la mirada, inicialmente, en la vocación del santo que, tras alcanzar la máxima formación académica y espiritual dentro de la Compañía de Jesús, prefirió renunciar al prestigio para ponerse al lado de las personas esclavizadas.
«Pedro Claver no tenía títulos ni poder para cambiar las cosas desde las estructuras políticas o militares. Ningún cambio militar ni político logrará la justicia social para siempre. Él comprendió que un acto de amor radical es elocuente e invulnerable», expresó el padre De Roux.

En su predicación, destacó que el santo mantuvo una clara conciencia del pecado social de su época y de este territorio, convirtiendo su existencia en una metáfora visible de justicia, amor y paz. «Pedro soltó hasta la sotana para cobijar a los muertos y enfermos; hizo sentir que el cuerpo mismo es la vida y que la dignidad humana está por encima de todo vestidura o rango«, añadió.
Tres prioridades para la pastoral y la sociedad actual
El padre De Roux sintetizó el legado claveriano en tres ejes orientadores para la Iglesia y la ciudadanía:
- Estar donde Dios nos espera: ofrecer un mensaje vivo al lado de quienes sufren la peor parte, deteniéndose ante los caídos, moribundos, enfermos y personas privadas de la libertad.
- No perder los momentos elocuentes: Mantener la presencia donde la manifestación de Dios se hace evidente, actuando con firmeza ante las lógicas que mercantilizan la vida humana.
- Usar la fuerza de lo que está en las manos: actuar con los recursos disponibles. Al bautizar a los esclavizados, Pedro Claver dejó sentado que la dignidad es inalienable y que los excluidos tienen un lugar garantizado en la fiesta de la salvación.
Al término de la predicación, como gesto litúrgico y de compromiso comunitario, se presentaron las ofrendas, algunas bajo el lema de «aprender a mirar la historia con los ojos de Dios».

Iglesia, memoria y compromiso social
La jornada concluyó con expresiones artísticas y culturales que reafirmaron la identidad cartagenera. En el cierre de la celebración, Monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena, agradeció el acompañamiento de la ciudadanía y resaltó la labor histórica de la Compañía de Jesús en la edificación de la paz.

«Esta es una muestra de la Iglesia caminando junto a las comunidades, respetando su historia e identidad. Pedro Claver nos desafía hoy a no mirar hacia otro lado frente al sufrimiento de los más frágiles», enfatizó Monseñor Múnera.