- Como resultado de esta CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado, los obispos colombianos enviaron un mensaje a toda la nación.
- El mensaje tiene como tema central mantener la paz y la unidad como un don del Espíritu Santo.
Del 6 al 10 de julio, los obispos de Colombia se dieron cita para vivir la CXXI Asamblea del Episcopado, invitando a mantener un clima de oración, fraternidad y apertura al Espíritu Santo.
Un llamado a vivir la conversión
Los primeros días de la Asamblea giraron en torno a la sinodalidad como una respuesta al llamado de confiar y abrir caminos a la acción de Dios, tal y como lo expresó monseñor Juan Vicente Córdoba, obispo de Fontibón, “la fe es una actitud de abandono, confiado en el poder de Dios”.
En este orden de ideas, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, presidente de la Conferencia Episcopal, recordó que “seguimos caminando en esperanza por una Iglesia sinodal, misionera y misericordiosa”; recordando que la Iglesia debe caminar junto al pueblo y responder a los desafíos del presente.
Otro de los retos planteados en estas sesiones fue la formación de los sacerdotes dentro de las nuevas realidades del mundo. Sobre esto, monseñor Nelson Jair Cardona, obispo de Pereira, recalcó que la identidad del sacerdote debe permanecer para acompañar los desafíos pastorales. “El seminario es para especializarse en Cristo”, puntualizó monseñor Fidel León Cadavid en su intervención, rescatando el hecho de que este tiempo debe dedicarse al discernimiento para escuchar la voz de Dios.
Mantener el vínculo de la paz
En el marco de la fiesta nacional de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, y en la recta final de esta CXXI Asamblea Plenaria, los obispos enviaron un mensaje al pueblo colombiano.
Las palabras, pronunciadas por monseñor Germán Medina, fueron una muestra de esperanza y un deseo de comunión para el futuro del país.
En la reflexión, monseñor Medina, expresó que la participación de la ciudadanía en los recientes comicios electorales, fue una muestra de unidad, sin embargo, también reconoce que ha sido objeto de polarización. “Nos duele y preocupa la división que se agudiza”, puntualizó.
En medio de las realidades difíciles de violencia, la invitación fue a reconocer la “magnífica humanidad” y, por ello, apreciar “la diversidad de modos de ser, sentir y pensar entre nosotros”.
La Asamblea ha tocado puntos importantes en el caminar de la Iglesia colombiana, y planteó reflexiones sobre la manera en cómo esta contribuye a la construcción de puentes de paz y reconciliación en medio de un país con múltiples carencias físicas y espirituales.