La Iglesia exige en Cartagena una reforma agraria integral
- En el marco de la CIRADR+20, líderes católicos y ecuménicos denuncian que la tierra ha sido reducida a un «activo financiero» y presentan el informe: «Tierra para la vida, tierra para la paz».
- Mons. Paolo Rudelli, Mons. Juan Carlos Barreto y el Padre Uchechukwu Obodoechina exigen que la reforma agraria pase de ser un ajuste técnico a una herramienta de dignidad humana.
En una jornada de incidencia política y espiritual, la Iglesia Católica y el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) presentaron en el segundo día de la Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural (CIRADR+20) una postura unificada frente a la crisis de tenencia de tierras. A través del informe «Tierra para la vida, tierra para la paz», las organizaciones eclesiales del Sur Global denunciaron el «pecado estructural» del despojo y la urgencia de transformar las relaciones políticas y económicas sobre el territorio.
La Iglesia como actor social y político

Monseñor Paolo Rudelli, Nuncio Apostólico en Colombia, subrayó que la presencia de la Santa Sede busca ser «la voz del Papa y de la Doctrina Social de la Iglesia» ante los gobiernos. «Tenemos que comprometernos y mostrar que nuestras perspectivas pueden ayudar a mejorar las políticas agrarias. El reto es cómo vivir en el campo en el siglo XXI de forma moderna y, al mismo tiempo, en una forma que dignifique a las personas», afirmó el Nuncio, vinculando esta lucha directamente con la encíclica Laudato Si’, en medio de una rueda de prensa desarrollada en la mañana del pasado miércoles. Señaló además que cualquier reforma debe transformar las estructuras de poder.
«La reforma agraria significa transformar el sistema de producción, transformar las relaciones económicas y, finalmente, las relaciones políticas. Todo está conectado». El representante del Papa Francisco subrayó que la presencia eclesial busca llevar la voz del Evangelio como una “apuesta de novedad y paz» a un foro que no puede quedarse en la retórica.
Por su parte, Monseñor Juan Carlos Barreto, presidente de la Pastoral Social Cáritas Colombiana, fue el encargado de presentar el resumen ejecutivo del informe, denunciando la «financiarización de la creación». El prelado enfatizó que para la Iglesia, el acompañamiento a comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas no es una opción, sino un «imperativo evangélico y ético».
Entre los puntos más críticos del informe destacan la denuncia del «Colonialismo Verde» (donde el 20% de las transacciones de tierra expulsan comunidades bajo pretextos ambientales) y la «catástrofe digital», un proceso donde las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial no solo consumen recursos hídricos desmedidos, sino que borran los derechos históricos de tenencia comunitaria. «La tierra ha sido reducida a un activo financiero para engrosar carteras de inversión», señaló.
Un frente ecuménico de África al Sur Global
Los líderes del Consejo Mundial de Iglesias y del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM) compartieron su visión sobre los territorios y demostraron que el despojo es una pandemia global.
Peter Prove (CMI), director de asuntos Internacionales del Consejo Mundial de Iglesias, en representación de más de 350 Iglesias, celebró la declaración ecuménica conjunta y advirtió sobre la hipocresía corporativa: «Debemos ser muy cuidadosos con la ‘transición energética’; no podemos permitir que los proyectos verdes se conviertan en una nueva razón para el acaparamiento de tierras».
Por su parte, Rev. P. Uchechukwu Obodoechina, Secretario General Adjunto del SECAM y director de la Comisión de Justicia, Paz y Desarrollo (JPDC), en una de las intervenciones comparó la realidad de África con la de América Latina, denunciando a las potencias extranjeras que, en complicidad con gobiernos corruptos, desplazan comunidades. «Sin tierra no podemos quedarnos, sin comida no podemos caminar. Muchos sacerdotes han sido asesinados por oponerse a estas políticas; ese es el martirio esperado por estar al lado de la verdad».
Recordó, además, que en los 55 países de su continente la discusión entre seguridad alimentaria, agua y tierra es una cuestión de supervivencia. «La Iglesia no está por fuera de la sociedad; es un instrumento para la preservación de sus hijos. La tierra debe ser para las comunidades«, sentenció.
Reviva la rueda de prensa completa https://www.facebook.com/Arquicartagena/videos/939738641807855
Gobernanza campesina
La agroecología como resistencia

En el panel sobre gobernanza territorial y agoecología: claves para la reforma agraria y la resiliencia climática se compartió como la transición hacia modelos sostenibles no solo es necesaria, sino posible incluso en contextos de conflicto armado. Esta realidad fue ejemplificada por Cirley López, campesina del municipio El Retorno en el departamento del Guaviare, quien destacó el creciente empoderamiento de la mujer en las juntas directivas locales; bajo su liderazgo, las comunidades han logrado transitar de economías ilícitas y prácticas de deforestación hacia modelos de producción limpia, enfrentando con resiliencia la histórica falta de respaldo estatal y los desafíos del mercado.
Esta transformación ubica a la agroecología como una herramienta política de resistencia. Al respecto, Alejandra Velásquez, especialista de Cáritas Colombia, y el campesino Eliecer Jiménez, coincidieron en que este modelo permite recuperar la memoria ancestral y territorial que las dinámicas del mercado han intentado borrar. Como bien sentenció Jiménez, «cuando se quiere comer limpio, la misma finca lo produce«, elevando la autonomía alimentaria a una categoría de defensa del territorio.
Finalmente, la renovación del campo se hizo evidente a través de las nuevas generaciones y el compromiso eclesial con la regeneración del suelo. Mientras el joven Juan Carlos López expuso proyectos innovadores de monitoreo de especies y soberanía ambiental, el Padre Freidy Eduardo Vanegas, director de la Pastoral Social de la Diócesis de San José del Guaviare, reafirmó la apuesta institucional por la ganadería regenerativa. En su intervención, Vanegas compartió como la espiritualidad ecológica tiene una aplicación práctica urgente: el papel fundamental del campesinado hoy es recuperar el suelo como fuente de alimento para la vida y no simplemente como un generador de renta económica.
Un clamor por la justicia climática y agraria
El informe presentado por el CELAM advierte que es imposible hablar de paz o de combatir la crisis climática si el Estado permite que la tierra siga siendo un objeto de extracción. La propuesta eclesial exige un «despertar frente a la presencia equivocada del Estado» y propone la gobernanza campesina como la única vía real para proteger la biodiversidad.
La jornada cerró destacando a la reforma agraria en la centralidad de la agenda actual, no del pasado, además de ser la única vía para sanar el tejido social. Así lo afirmó el Padre Uchechukwu «La Iglesia no es solo estructuras; es la gente de Dios en servicio de la libertad de sus ciudadanos sobre sus tierras«.