Mensajes del Arzobispo: DISCÍPULOS DE JESÚS MAESTRO

Rostro de discípulos

Apreciados hermanos y hermanas, muy buenos días.

A partir del día de hoy, quiero compartirles siete Mensajes, que sintetizan el Objetivo Global hacia el cual caminamos todos los que formamos la Arquidiócesis de Cartagena, por medio de dos Planes decenales de Pastoral (2005-2015 y 2016-2026). No se trata de una Formulación de Principios Doctrinales sino de unos propósitos que buscan “un modo propio de ser Iglesia” en la Arquidiócesis de Cartagena. Las fuentes son dos principalmente: la Palabra de Dios en el Nuevo Testamento y el Magisterio de la Iglesia Latinoamericana y por lo tanto experiencias válidas para vivir no solamente en la Iglesia de Cartagena sino en cualquier lugar del mundo, “en tiempos del Papa Francisco”. Ustedes me dirán, posteriormente, si logramos tocar sus vidas, los “que vamos en la misma Barca”, cuando “vivimos juntos la Pandemia del Covid-19”.

Los siete Mensajes son: “la Iglesia que se hace discípula de Jesús; que vive en comunión; con una gran riqueza de ministerios y de servicios; en salida hacia todas las personas y todos los ambientes; que se hace solidaria con todas las necesidades humanas; que busca impregnar con el Evangelio las diversas culturas que viven en nuestra Iglesia; y que tienen a María como Madre y Modelo”. Iniciamos hoy con el primer Mensaje:” Discípulos de Jesús Maestro”.  

Discípulos de Jesús

“Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: ‘Sígueme’. Él se levantó y lo siguió”. (Mt 9,9)

No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o por una gran idea, sino por el encuentro con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.

La alegría del evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Una de las más importantes acciones de Jesús en su vida pública, que preparó la fundación de la Iglesia, se concretó en el llamamiento, formación, entrenamiento y envío de los discípulos.

A ellos, Jesús les dedicó lo mejor de sus energías. Los discípulos a su vez fueron comprendiendo que no seguían a un Maestro cualquiera sino que seguían al que es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6). También comprendieron que no eran ellos los que lo habían escogido a él (Jn 6, 70) sino que la iniciativa venía de Jesús (Mc 1, 17-20), y a través de Él era el Padre quien obraba y daba a Jesús sus discípulos (Jn 10, 29). Jesús les enseñó que el discipulado no consistía en aprender una doctrina sino en vivir una relación cada vez más intensa e íntima con el Maestro. Para estos seguidores de Jesús el discipulado significó adherir a su vida, pensamientos, sentimientos y a su actuar (Mt 8, 19). Ellos calcaron la propia conducta en la suya, escucharon atentamente sus lecciones y conformaron la propia vida con la de este Maestro (Ga 2, 20). A su vez llegaron a comprender que no se “graduarían” en esta escuela para luego abandonar al maestro (Mt 10, 24; 23, 8. 10), pues no podían jamás abandonar al que se había constituido para ellos en alguien mucho mayor que el padre y la madre (Mt 10, 37; Mc 1, 18). Todo, comparado con él, lo llegaron a considerar basura (Fil 3, 8).

Al igual que a los discípulos de los que nos habla el Evangelio, Jesús también nos ha hecho el llamamiento a cada uno de nosotros a la Iglesia. Él quiere hacernos sus discípulos, por ello el itinerario que cada cristiano debe recorrer es propiamente el “camino del Discípulo”.

El llamado lo ha hecho Jesús desde el día de nuestro bautismo, pero hemos de retomarlo en muchas ocasiones a lo largo de la vida bajo la luz que nos brinda la Palabra de Dios. Así vamos aprendiendo a pisar las mismas huellas del Maestro.

Unidos en un mismo Proyecto, los discípulos de Jesús queremos profundizar cada vez más en nuestra fe en El, renovar la adhesión personal a Él y confirmar el compromiso de seguirlo por los caminos de la vida en una Comunidad Eclesial. Es un Proyecto que busca afianzar nuestra identidad como creyentes en Jesús y nuestro sentido de pertenencia a la Iglesia, que es comunidad de discípulos. De ahí que el Proyecto busque hacer un proceso de crecimiento y de madurez en la misma fe.

En una experiencia de “encuentro” con Jesús

«¿No estaba ardiendo nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» (Lc 24,32).

Los grandes encuentros con Jesús que nos presentan las páginas del Evangelio: Zaqueo (Lc 19, 2-10), la mujer samaritana (Jn 4, 1-38), los apóstoles (Jn 1, 35-51), María Magdalena (Jn 20, 11-18), los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35)… por sólo nombrar algunos, nos revelan la dinámica del encuentro que comienza con la iniciativa de Jesús, llena de gozo el corazón de las personas, produce una profunda conversión y se proyecta en una espontánea actividad misionera. De manera muy especial la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-32) es quizá el encuentro que mejor simboliza la experiencia de todo hombre y mujer en relación con Dios.

Todo esto nos lleva a ratificar que el punto de partida en la experiencia del discipulado es el encuentro personal con Jesucristo Vivo. Esta experiencia consiste en conocer quién es Jesús y lo que él ha hecho por cada uno de nosotros. Al escuchar el anuncio del “Kerigma” (el Anuncio del Evangelio), el discípulo se abre a la contemplación del Señor muerto y resucitado y esto despierta el deseo de vivir el paso de la Pascua. No se queda contemplando a Jesús Vivo sino que comprende que este Jesús lo implica y lo transforma.

En esta experiencia se dan cita la grandeza de la misericordia de Dios manifestada en su Hijo Jesús y la pequeñez y limitación del ser humano necesitado de redención. Se trata de una experiencia personal que requiere silencio interior y apertura humilde de parte del discípulo. De este encuentro liberador brota la conversión, la comunión y la solidaridad.

La pedagogía que Jesús utilizó para la formación de sus discípulos fue siempre fue siempre “el encuentro” con Él a través de “sus dichos y sus hechos”. El encuentro y la experiencia viva con Jesucristo Resucitado es camino obligado para todos los que hemos sido llamados a ser discípulos en la Iglesia.

Por eso, el encuentro con Jesucristo Vivo, la contemplación de su rostro doliente y resucitado, será uno de los elementos más importantes en la Evangelización de la Iglesia de nuestro tiempo. “Es un encuentro que contribuirá eficazmente a consolidar la fe de muchos católicos, haciendo que madure en fe convencida, viva y operante” (San Juan Pablo, Iglesia en América 12,1).

Apreciados Hermanos y Hermanas, el llamamiento de Jesús a un encuentro personal con cada uno de nosotros, es el inicio de la experiencia cristiana. Y es necesario renovarlo con frecuencia pues, en caso contrario, existe el peligro de la rutina y el riesgo de que se enfrié nuestra fe en su persona. El momento que vivimos es muy propicio para que renovemos este encuentro personal. Hágalo. ¡Vale la pena! No podemos salir del “encierro” sin un proyecto concreto de cambiar nuestra relación con Dios, nuestro Padre. Esto puede ser una gran equivocación. Hoy de nuevo Jesús te llama por tu nombre. Respóndele con humildad y cuanto antes.

Hoy jueves 7 de mayo, a las 10:30 a.m. te invitamos a un interesante “programa”. Se trata del Lanzamiento de la Segunda Etapa del Itinerario “Según el don recibido, sirvan a los demás”.Es una propuesta interesante, la vamos a compartir por el Facebook y por el YouTube de la Arquidiócesis de Cartagena. Allí te esperamos. Te va a dar gusto. Y no se olviden de orar por mí.

Cordial y fraternal saludo.

Su obispo, +Jorge Enrique Jiménez Carvajal. Arzobispo de Cartagena

Cartagena, jueves 7 de mayo.

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