“La fe se hace casa”: más de 1.000 voces se unieron en el Encuentro de Pequeñas Comunidades Eclesiales de Cartagena

Bajo la luz de la Palabra y con la convicción de una Iglesia que se reconoce familia, el pasado sábado 9 de mayo se llevó a cabo el Encuentro de Pequeñas Comunidades. El Centro de Convenciones de Cartagena fue el escenario donde más de mil asistentes se dieron cita en un espacio formativo-celebrativo diseñado para reconectar con el corazón de la fe y el sentido de comunidad en su estado más primigenio: el de la casa compartida.

Con este encuentro, que reunió a laicos de todas las edades, religiosos y sacerdotes, la Arquidiócesis de Cartagena compartió su hoja de ruta hacia los 500 años de evangelización (2034), compartiendo el proyecto de ser una «comunión de comunidades». En un diálogo abierto, la Iglesia local ratificó que su fuerza no reside en estructuras frías, sino en la «gracia invisible» que se hace vida en lo cotidiano.

Remar juntos: La mística de la barca y el modelo de Lidia

La base espiritual de la jornada partió de la figura bíblica de Lidia, del libro de los Hechos de los Apóstoles. A través de una lectura santa, los asistentes profundizaron en la «disponibilidad» como la primera actitud del cristiano. El texto impactó en la asamblea al presentar la casa como el lugar predilecto de acogida: la Iglesia doméstica.

Este pasaje recordó que las pequeñas comunidades nacen de la escucha atenta de la Palabra para convertirse en lugares vivos de evangelización. «Volver al amor primero», fue el llamado constante, bajo la premisa de que Cartagena solo será tierra fecunda si la fe se comparte en la cercanía del hogar.

Navegar en sinodalidad con Cristo al timón

Bajo la consigna de que «nadie camina solo», el encuentro mostró la urgencia de una «Iglesia en salida». La metáfora de la barca fue el hilo conductor: una misión donde cada bautizado aporta su propio remo, su fe y su esperanza.

«Aunque llegue el cansancio, Cristo está al timón; Él fortalece nuestras manos y anima la esperanza», expresó el Padre Marlon Fabián Mendoza, Vicario de Pastoral, durante la lectura santa. Haciendo énfasis en la sinodalidad como un caminar juntos donde cada persona tiene un puesto irrenunciable.

La pedagogía de la escucha y el valor del silencio

En el primer bloque de conversación, denominado “Voces de la misión”, el Padre Rafael Castillo puso el foco en la calidad humana necesaria para transformar las comunidades. Haciendo una memoria agradecida del camino recorrido, y precisando en la ética del encuentro:

«Las ideas se pueden discutir, pero las personas se tienen que respetar», sentenció, advirtiendo que en estos espacios no caben las ofensas pues el insulto carece de valor argumentativo. «Teníamos sed de la Palabra y esa fecundidad se vive en la pequeña comunidad».

Por su parte, el Padre Javier Rosanía, destacó que estas comunidades son el «camino seguro» para mantenerse fieles a la pedagogía del Maestro, garantizando que la fe se convierta en una experiencia de vida compartida.

La vida que testimonia

El segundo conversatorio de la jornada permitió conocer el impacto real en los laicos, quienes viven y encarnan la vida en comunidad. Juan Camilo Acevedo, seminarista, y Ever Castro, de la pequeña comunidad de la parroquia San Francisco Javier en Turbaco, compartieron cómo ver el rostro de Cristo en el hermano ha cambiado su perspectiva: «Cuando la duda asalta o llega la crisis, existe una fe viva que anima«.

«Ellos sienten lo que yo siento», expresó Ever, poniendo de manifiesto que la pequeña comunidad es el refugio cuando la crisis o la duda asaltan.

Por su parte, Edwin Carreazo, de la pequeña comunidad San Pablo de la parroquia San José de Leonessa, dio testimonio de cómo la transformación personal en la pequeña comunidad lo llevó a servir en los contextos más difíciles, como la cárcel. «Las cosas de Dios se llevan en su fidelidad», concluyó.

Una «perlita» para el futuro de la ciudad

La conclusión de la jornada incluyó mensajes de las autoridades eclesiásticas de esta Iglesia Particular. Monseñor Jorge Enrique Jiménez Carvajal, arzobispo emérito de Cartagena quien inició el caminar de la Misión Permanente, insistió en que todas las parroquias deben evolucionar hacia esta estructura de fraternidad y estudio de la Palabra y fungir como «nodos de las pequeñas comunidades».

Finalmente, Monseñor Francisco calificó a las pequeñas comunidades como «una de las perlitas más bellas de nuestra Arquidiócesis». He hizo llamados muy claros a toda la asamblea reunida. «Cartagena debe ser tierra fecunda para el Evangelio, donde los católicos se encuentren no para reuniones frías, sino para compartir la vida, la oración y la solidaridad«.

Con el horizonte puesto en los 500 años de evangelización en el 2034, y la mirada hacia el plan de pastoral, el encuentro concluyó con un envío misionero: salir de la comodidad, ser una «Iglesia en salida» y entender que, mientras Cristo tenga el timón, la barca de Cartagena siempre tendrá rumbo y esperanza.

Video Oficial: Testigos que anuncian el Evangelio, comunidades que transforman

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