Monseñor Múnera: “Madre Bernarda cuida el ministerio de cada sacerdote en Cartagena”

La Iglesia de Cartagena celebró la fiesta de la santa suiza que caminó por el Caribe, con un llamado a la conversión y el servicio en las periferias.

La Arquidiócesis de Cartagena conmemoró ayer la fiesta litúrgica de Santa María Bernarda Bütler con una solemne celebración en el Santuario Museo que lleva su nombre, lugar donde reposan sus restos sagrados, ubicado en las instalaciones del Colegio Biffi. Cada 19 de mayo, la Iglesia detiene su mirada en la santa suiza que hizo de estas tierras caribeñas su hogar y su misión. En esta oportunidad, sacerdotes, religiosos y fieles se reunieron en este emblemático templo para honrar su memoria y testificar que su legado de compasión e impacto social sigue vigente en el territorio.

La historia de Madre Bernarda y Cartagena está entrañablemente unida. Es una historia tejida con el hilo de la Providencia, donde la santa aprendió a cumplir los designios de Dios en medio de circunstancias difíciles dejando un gran legado en esta jurisdicción y en todo el Caribe.  

El cuidado de una madre por sus pastores

La celebración, vivida con especial alegría en el marco del Año Jubilar Franciscano, tuvo un gran sentido de gratitud y fraternidad. Durante su homilía, el arzobispo de Cartagena, Monseñor Francisco Javier Múnera, resaltó el vínculo místico y afectivo que unía a la santa con los sacerdotes de la ciudad.

«Tenemos el privilegio de gozar de su especial y maternal cuidado por cada uno de los sacerdotes de Cartagena. Ella cuida el ministerio de cada uno de nosotros«, afirmó el prelado.

Monseñor Múnera recordó que en el corazón de la Madre Bernarda los sacerdotes ocupaban un lugar sagrado como «los ungidos del Señor«. Por ello, invitó al clero de la Iglesia de Cartagena a poner sus vidas en ese corazón materno para renovar el don de la fidelidad y asumir un compromiso de cambio interior permanente.

«Hoy vinimos para poner en su corazón de madre e intercesora nuestra vida y nuestro ministerio, y corresponder a la Gracia de la fidelidad que es Don de Dios».

 En su exhortación, el arzobispo fue enfático al trazar la ruta de los pastores, señalando que existe para todo un compromiso a la conversión permanente; “vivamos con intensidad nuestro Ministerio sacerdotal, la gracia concedida el día de nuestra ordenación, sostenidos en la oración».

Asimismo, pidió una bendición especial para las Hermanas Franciscanas de María Auxiliadora, la congregación fundada por la santa, animándolas a continuar su labor en las periferias y los sectores más vulnerables, allí donde el dolor se transforma en alivio y misericordia.

 «Que el Señor acompañe y bendiga a la congregación que hace presencia en distintos ámbitos de la vida en las periferias, en esa labor de misericordia«, manifestó, pidiendo también «que acompañe las vocaciones y que cada familia goce de la protección de Santa María Bernarda; que sus virtudes y camino a la santidad nos siga y renueve nuestro ardor y entrega permanente».

Ofrendas de vida y milagros compartidos

El altar se vistió de significado con las ofrendas de la jornada: el pan y el vino, frutos del esfuerzo diario; el agua, signo de purificación; y la luz, esa que la Madre Bernarda encendió en el Caribe y que hoy sigue iluminando los hogares. «Mi estrella polar es el Evangelio», solía decir la santa, una frase que hizo eco en el templo y que Monseñor Múnera retomó para invitar a la asamblea a «glorificar al Padre Dios con la santidad y el esplendor de la vida: el amor, la misericordia y la entrega».

Al final de la ceremonia, se compartieron tres testimonios de vida de esa fuerte devoción a la santa. La narración de estos milagros evidencia como la intercesión de la Santa Madre Bernarda sigue tocando vidas e impactando la historia de la fe en la ciudad.

El padre Agustín Villar, párroco de Nuestra Señora de las Mercedes en el barrio El Cabrero, tomó la palabra para relatar cómo vio la fuerza sanadora de la Madre Bernarda sobre su hermano enfermo cuando este se encontraba al borde de la muerte. El mismo sacerdote compartió su propia experiencia de supervivencia durante los días más duros de la pandemia del Covid-19, mostrando la protección que la santa siempre ha tenido por la salud de los pastores en esta Iglesia Particular.

A este relato se unió la voz de una religiosa de la congregación, quien recordó la vigencia de este carisma tras su paso por Francia, demostrando que la obra de la santa no tiene fronteras. Finalmente, el testimonio de una feligresa, quien con voz entrecortada narró cómo fue sanada milagrosamente de un aneurisma tras encomendarse con devoción a la santa suiza, terminó de cerrar el espacio.

Estos relatos fueron el eco de muchas otras gracias silenciosas entre los presentes. La jornada dejó en la comunidad la certeza de que el testimonio de Santa María Bernarda Bütler sigue renovando las fuerzas, la entrega y la esperanza de una Iglesia que navega (a puerto seguro) en sinodalidad en el territorio.

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