En el inicio del sagrado Triduo Pascual, el cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal, arzobispo emérito de Cartagena, hizo un llamado a la reconciliación nacional, en el que señaló que la caridad y el perdón son los únicos caminos para alcanzar la paz y la vida nueva en el país.
Durante la solemne misa de la Cena del Señor celebrada en la Catedral Basílica Metropolitana de Cartagena, el purpurado centró su homilía en la necesidad de transformar el corazón para impactar la realidad de Colombia. Ante una asamblea con miles de fieles, el cardenal enfatizó que el amor no es un concepto abstracto, sino una acción restauradora.
«Invito a todos los que están en casa a que nos amemos para sanar a Colombia. Solamente debemos amarnos para tener vida nueva y llevarla a todas partes», mencionó, vinculando el sacrificio eucarístico con el deber ciudadano de construir como hermanos.
El Cardenal expresó, además, que la verdadera libertad nace de la capacidad de perdonar, comparando el desafío actual de los colombianos con el Éxodo bíblico:
«El pueblo de Israel salió de Egipto y tuvo que pasar desafíos para tener una vida digna. Hoy, el Señor nos manda a ser libres para poder vivir el mandamiento del amor, abandonando los odios y rencores que existen en el corazón».


Lavatorio de los pies como signo de servicio
Como signo de servicio, el Cardenal presidió el rito del Lavatorio de los Pies, donde lavó y besó los pies de miembros del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Con elló precisó que la «limpieza del corazón» consiste en salvar el espíritu de las ataduras materiales y del egoísmo para ponerse al servicio del prójimo.
«Ámense, perdónense y den gracias a Dios. Que el ‘hagan esto en memoria mía’ se renueve en nuestros labios para darle vida nueva a cada uno de nuestros hogares», expresó.
Este gesto de humildad concluyó con un especial mensaje que Monseñor insistió repetir a los miles de asistentes «limpiar el corazón es salvarlo de las cosas de este mundo. Abandonemos los odios y rencores; sean mansos de corazón, perdónense y celebren el amor que Dios nos ha regalado como la gran virtud para vivir de una manera humana. ¡Aménse, Aménse!»

Tras la celebración, el cardenal acompañó la solemne procesión del santísimo sacramento hasta el lugar de la reserva para la adoración en el monumento.

Multitudinaria presencia de fieles en el recorrido a los templos
Al concluir la liturgia, la manifestación de fe se trasladó a las calles en una ruta multitudinaria que se extendió hasta la medianoche. Miles de cartageneros, familias completas con niños y adultos mayores, visitantes e incluso ciudadanos acompañados por sus mascotas, recorrieron los templos en la tradicional visita a los monumentos para recordar los últimos pasos de Jesús. Esta experiencia fue especialmente significativa para quienes portaban el «pasaporte del amor que salva», realizando un recorrido meditado con oraciones y peticiones frente al santísimo sacramento.








La Arquidiócesis agradece el comportamiento ejemplar de los asistentes en esta jornada de fervor y los invita a seguir participando con recogimiento en las celebraciones que seguiremos viviendo en estos días santos en Cartagena.