OBRAS SOCIALES

OBRAS SOCIALES QUE RECIBEN LA BENDICIÓN DEL PAPA FRANCISCO

Artículos en los periódicos de las Obras Sociales que reciben la Bendición del Papa Francisco en su visita.


 

Un mural para la llegada del papa, en el barrio San Francisco

 

El barrio San Francisco será uno de los lugares en donde el papa Francisco estará durante su visita a Cartagena, el próximo 10 de septiembre.

 

Y en esa comunidad conocerá de cerca dos proyectos sociales, liderados por la Arquidiócesis de Cartagena. Uno de ellas es Talitha Qum, que atiende a 70 niñas y adolescentes en alto riesgo de vulnerabilidad, en cuanto a prevención del abuso sexual y comercial, al tráfico de personas, a la violencia intrafamiliar y a los embarazos tempranos.

Para recibir el papa, participantes de Talitha Qum quisieron darle una “nueva cara” al proyecto. Este fin de semana presentaron una obra artística en la que han venido trabajando hace varias semanas, que expresa la devoción por la fe católica, así como la importancia de la protección al medio ambiente para la ciudad.

Bajo la guía del artista Miguel Borges, las niñas y adolescentes convirtieron la fachada de la sede del proyecto –que está ubicada detrás de la parroquia del barrio– en un mural alusivo al papa Francisco, en el que también se observan especies como el mangle, de especial importancia en esta ciudad. Esta iniciativa se llevó a cabo también con el apoyo del Fondo de Empleados de la Universidad de Cartagena (Fonducar).

“Talitha Qum es un proyecto de responsabilidad social que coordina la hermana Blanca Nubia, de la Pastoral Social Arquidiocesana, haciendo prevención en distintos temas para alejar a estas niñas de todos los problemas sociales de los que son vulnerables en la comunidad.

“Entre los objetivos del plan de desarrollo de Fonducar, hay dos que son la responsabilidad social y la protección del medio ambiente. En ese sentido, llevamos dos años trabajando con las niñas en el proyecto para el mejoramiento de su calidad de vida. En esta ocasión, las apoyamos en esta actividad artística y de embellecimiento del entorno, pintando las paredes con la imagen del papa Francisco, y además plasmando un mensaje de protección del ambiente. Este sitio va a ser visitado por el papa en su llegada a Cartagena”, explicó Orlando Arrieta, gerente de Fonducar.

Entre 9 y 17 años tienen las menores que hacen parte del programa Talitha Qum (que traducido del arameo significa “Contigo hablo, niña, levántate”, frase sobre la que se hace referencia en la Biblia, al narrar las palabras expresadas por Jesucristo al resucitar a la hija de Jairo).

Cortesía: http://www.eluniversal.com.co/cartagena/un-mural-para-la-llegada-del-papa-en-el-barrio-san-francisco-260384

 


El admirable ejemplo de las mujeres que luchan contra el hambre

Por: Juan Gossaín, 21 de agosto 2017 , 12:13 p.m.

Antes de empezar esta crónica me pongo de pie y, como no tengo sombrero, me quito los anteojos en señal de respeto y admiración por estas mujeres.

Un ejemplo como el suyo demuestra que, a pesar de los pesares, y a pesar de todos los problemas que agobian a Colombia, a pesar de la corrupción y la maldad, no todo está perdido. Todavía hay motivos para la esperanza. Mientras una pandilla de bellacos se roba el dinero destinado a la comida de los niños más pobres, y otros se apoderan del presupuesto para los enfermos de hemofilia, estas mujeres se desviven por llevarles a los indigentes un bocado que les mitigue el hambre, un médico que los cure y un poco de cariño para consolar sus penurias.

–Le solicitamos que omita nuestros nombres– me dicen de entrada –porque no andamos buscando publicidad para nosotras.

En esta época en que nadie suele dar una puntada sin dedal, he ahí otro motivo para que aumente mi estimación por ellas. Las creadoras del grupo son cuatro señoras que residen en Cartagena: una es nativa, otra es antioqueña, la tercera de Cali y la cuarta nació en Corozal, en la espléndida sabana de Sucre.

–Basta con que diga que somos cuatro misioneras– agrega la corozalera, esposa de un médico que los domingos por la tarde, en la puerta de la iglesia, recoge comida para los indigentes.

Una muchacha en el piso

Todo empezó en noviembre del 2015. Las cuatro misioneras no se conocían entre sí, pero en cierta ocasión coincidieron en el hogar que regentan las monjitas de la madre Teresa de Calcuta. ¿Y cómo lograron unirse?

Hablando, mijito –me contestan–. Hablando se entiende la gente.

El primer día se encontraron con una muchacha sentada en el suelo, en el parque de Bolívar, frente al palacio de la Inquisición. La gente pasaba junto a ella, pero nadie parecía verla. Entonces las misioneras la ayudaron a levantarse y la llevaron a una clínica.

Esa misma tarde le consiguieron ropa y comida. Era una arquitecta venezolana que tenía problemas mentales. Un día salió de su casa, a jugar tenis, y no volvió más. No se sabe cómo llegó a Colombia.

En el hospital la rehabilitaron. Dio a las misioneras el número del teléfono de su casa en Venezuela. Llamaron y respondió la madre. Casi se desmaya de alegría. De inmediato vinieron por ella.

Ángeles de la comida

La segunda mujer rescatada, que dormía en las aceras, es hoy una de las primeras rehabilitadoras voluntarias que tiene el grupo, que ha ido creciendo rápidamente en año y medio. Otra habitante de la calle, que había sido reina en las fiestas cartageneras, también fue recuperada y está estudiando estética facial.

–No somos una fundación –me aclaran ellas–. Somos una comunidad que cumple con el deber de ayudar al prójimo.

Le pusieron a su grupo el nombre de María Revive y le agregaron un lema muy sencillo pero elocuente: “De regreso al amor”. La gente las conoce, simplemente, como “los ángeles de la calle”. A comienzos de 2016 salieron por primera vez a los rincones del centro amurallado de Cartagena, de noche y por un día a la semana, llevando 70 raciones de comida para los desvalidos, que incluye niños y ancianos.

Hoy en día reparten 130 comidas cada noche, toda la semana, de lunes a viernes

A los pocos meses esa cantidad ya no era suficiente y los costos empezaron a subir.

Buscaron el apoyo de parroquias, sacerdotes y vecinos humanitarios. Hoy en día reparten 130 comidas cada noche, toda la semana, de lunes a viernes, consiste en una caja de cartón de 400 gramos que contiene arroz, lentejas, albóndigas de carne y tajadas de plátano maduro.

Los hombres también ayudan

Mujeres al fin y al cabo, se preocupan por evitar la rutina alimenticia: al día siguiente cambian las lentejas por fríjoles o garbanzos y la carne de res por pollo. A veces llevan papas en lugar de plátano.

Los martes las misioneras, que ya son seis, van acompañadas por sus maridos. Esa noche es fiesta y son ellos los que se encargan de llevar pasteles costeños de arroz, pollo y cerdo. Ah, y un jugo con su pitillo, más el postre de bocadillo de guayaba o unas galleticas de dulce.

–Los pobres son tan solidarios en su dolor –me dice una de las misioneras–, que hemos visto a varios que comparten la cajita con algún compañero que llega tarde.

La otra noche, sin que ellas lo supieran, fui a hacer un breve recorrido por la misma ruta que acababan de transitar las misioneras. Hablé con los desamparados que estaban comiendo.

–¿Está buena la cena? –le pregunté a uno de ellos, para entrar en confianza.

–Deliciosa –me respondió–. Pero es más sabroso el cariño de esas señoras.

Y una de las señoras me dijo al día siguiente:

–Lo más importante no es llevarles la comida, sino comer con ellos.

La bendición

Salen a las siete de la noche y van a los manglares oscuros, al basurero municipal, playas, puentes, inmediaciones del mercado público, arrabales. A veces encuentran heridos, ancianos que se han caído, peloteras, trifulcas. Los llevan al hospital. A las diez, cumplida la misión, regresan a sus casas.

¿Cómo se financian? –Nos financia la Divina Providencia –me responden, con una sonrisa–. Ella es la que nos abre las puertas. Nadie nos ha dicho que no.

Voluntariamente se están uniendo a las misioneras los laboratorios clínicos de Cartagena y los médicos de todas las especialidades. El otro día organizaron una gigantesca maratón de baño en el Coliseo Cubierto… y el agua se fue en mitad de la jornada.

Las misioneras están abriendo, por estos días, una casa de encuentro con cocina, comedor, peluquería, lavandería, consultorios. “Para que su punto de reunión no sea en la mitad de la calle”, me dicen. Andan corriendo bases para conseguir la financiación.

¿Coincidencias?

Albert Einstein, que sigue siendo reconocido como el cerebro más brillante de nuestra época, me enseñó que las coincidencias no existen en la naturaleza. Lo que existe es la armonía del universo.

Por esa armonía fue que me pasó lo que me pasó cuando estábamos en aquella conferencia sobre la pobreza. Yo estaba escribiendo ya esta crónica sobre las señoras misioneras cuando se me acercó otra mujer, a la que nunca había visto, y me dijo que necesitaba hablar conmigo.

–Estoy aterrada –me contó– con la indiferencia de la sociedad colombiana ante el hambre y la pobreza extrema.

Se llama Catalina Pérez, es ingeniera industrial y también nació en Cartagena. Creó y dirige la Fundación Alimentar Colombia, cuya historia se inicia en el 2014, cuando estalla la terrible realidad sobre el hambre en La Guajira, especialmente entre los niños.

–Yo tenía dos hijos pequeños y resolví que tenía que hacer algo.

Habló con algunos empresarios, pidió mercados, recogió dinero, le dieron comida en las cocinas de los hoteles turísticos.

Empezó por el barrio Isla de León, uno de los más pobres de la ciudad. Encontró familias que tenían hasta nueve niños a su cargo. Según investigaciones de la Universidad Nacional, el 26 por ciento de los niños que mueren en Colombia mueren de hambre.


María Revive

Por: JAIME BONET
27 de Agosto de 2017 12:00 am

Una de las formas más palpables de exclusión social son los habitantes de la calle, personas que deambulan por las vías urbanas en condiciones precarias. A muchos, nos causan prevención y hasta miedo. Afortunadamente existe un grupo de mujeres, las de María Revive, que  trabajan diariamente para ayudarlos y brindarles el afecto que la familia y la sociedad les niega.

A pesar de que el problema fue incluido en el plan de desarrollo de esta administración, no se conoce la estrategia del gobierno distrital. El plan de desarrollo “Primero La Gente” señala que se formularía e implementaría un plan distrital para la atención, inclusión social y reconocimiento de derechos del habitante de la calle, con énfasis en la recuperación del daño y la reinserción al medio familiar. Además, establecía como meta la atención del 80% de dicha población, la cual, según un censo de diciembre de 2015, era de 560 personas.

Ante este panorama, la labor de María Revive, con el apoyo de la Arquidiócesis y la Pastoral Social, es fundamental porque permite una atención permanente de algunas de estas personas. María Revive entrega entre 120 y 150 porciones de alimentos diarios a habitantes de la calle.

Con esto se estaría cubriendo casi un cuarto de la población censada por el gobierno distrital. Más que alimentos, María Revive acompaña a esta población vulnerable para reincorporarla a la sociedad. En muchos casos logran el reencuentro del indigente con su familia, la atención de sus problemas de salud o la reincorporación a la vida laboral de algunos de ellos.

Todo esto es parte de un trabajo voluntario de sus miembros y de la colaboración de muchas personas que contribuyen con la misión.

Pero este acompañamiento se queda corto ante la dimensión del problema. Para atender a más población vulnerable, María Revive planea habilitar una sede que les permita brindar servicios a un grupo mayor de habitantes de la calle. Para que esto funcione se requiere de un mayor apoyo de los cartageneros. Es aquí donde tener esa política pública podría ayudar mucho a atender a esta población vulnerable.

El papa Francisco siempre ha mostrado una especial atención por los habitantes de la calle. Tal vez por eso María Revive fue seleccionada como una de las misiones que el Santo Padre bendecirá en la ciudad. Ojalá que ese apoyo del Pontífice consolide la labor de María Revive y sea el detonante de la política pública que se requiere.

jbonetmo@banrep.gov.co